Estar sola
Reflexiones sobre la soledad
Mi soledad antes solía aterrarme. No porque me diera miedo su presencia sino porque me rehusaba a aceptar que yo soy, quizás, una persona demasiado solitaria y serlo parecía un problema.
Desde niña aprendí a volver mi compañía en mi mejor amiga. Aprendí, como aprenden los soñadores, a hacer de mis ideas un universo. Me convertí en mi opción preferida y pasar tiempo conmigo nunca resultó aburrido. Sin embargo, un día crecí y la soledad obtuvo un nuevo significado.
“Si estás sola has de ser rara”
“Si estás sola algo ha de estar mal contigo”
Los rechazados eran los solitarios y nadie quería serlo. Entonces, estar sola dejó de ser una opción. Se convirtió en un cuestión de sobrevivencia social. Habría de estar siempre acompañada. No quería ser rara. Quería ser aceptada.
Rellené de personas mi tiempo. Abarroté de ruido mi silencio. Traicioné mi esencia. Traicioné a aquella niña que honraba su soledad. Todo porque en la escala social se nos enseña, desde jóvenes, a hacer amigos y relaciones, pero nunca se nos habla de estar solos.
¿Qué pasa, entonces, cuando no hay nadie a nuestro lado?
¿Por qué le tenemos tanto miedo a estar a solas?
De repente, estas preguntas me comenzaron a perseguir mientras estaba rodeada de personas. En medio de una fiesta. En el centro comercial. Mi propia soledad me enajenaba de mi entorno y me obligaba a ver que en la compañía también clavamos nuestros miedos.
¿Por qué estaba en un lugar donde no quería estar?
¿Por qué nos obligamos a ser alguien que no somos?
Me gusta mi soledad. Lo que en realidad me asusta es la compañía.
La verdad es que nunca he sido buena haciendo amigos o al menos eso solía pensar. Antes me era imposible siquiera concebir que alguien me encontrase interesante. Lo suficiente como para aceptarme solitaria.
Entonces, llegó a mí un nuevo cuestionamiento.
¿Por qué me asustan tanto las personas?
Quizás porque me aterra no rellenar las expectativas que sobrecargan en mis hombros. Tal vez porque me da miedo quitarme la máscara y que cuando me vean, realmente me vean, no me acepten o peor, se burlen.
Todos queremos ser aceptados. Pero, ¿realmente estamos dispuestos a modificarnos para gustar?
Prefiero el silencia al ruido. Prefiero leer mis libros en la intimidad de mi habitación a salir con amigos. Soy feliz recargando mi energía en la naturaleza. Disfruto de maquillarme porque, ante mis ojos, es la ocasión perfecta para estar conmigo. Voy en citas a menudo y la otra silla siempre está vacía. Soy solo yo conmigo, pero también puedo serlo con mis amigos.
Ahora entiendo, muchos años de terapia después, que la gente que me ame honrará mi soledad porque saben que es parte de mí. ¡Y vaya que lo hacen!
Cuando inicié la universidad desempolvé a la soledad y las dos juntas nos sentamos a platicar. Me di cuenta que me ha enseñado tanto. Más de lo que podría nombrar.
La soledad me enseñó a escuchar a mi intuición. Esa vocecita, prima del autosabotaje, que al fondo de mi cabeza me guía por la vida. Gracias a ella hoy puedo decidir sin sacrificarme.
Me solía temblar la voz. Hoy no lo hace. La soledad me enseñó a hacer de mi voz un puente para que mi verdad se comunique. Aunque hayan miedos. La soledad me enseñó a darles siempre la mano y mecerlos hasta que se calmen.
Me enseñó que mi tiempo es valioso. Que mi compañía es importante. Que mi existencia merece entrega, amor y respeto.
La soledad me enseñó a ponerme como prioridad. No solo para mí sino también para los demás. Me mostró, como enseñan los maestros, que en mí ya existe todo lo que busco afuera. Sé que el amor existe porque existo yo. Sé que hay personas buenas porque me conozco a mí. Sé que me queda mucho dolor por recorrer, pero de mi mano nunca estaré sola.
Ahora sé que yo puedo sola, pero no siempre tengo porqué estarlo. La compañía y la soledad pueden coexistir sin hacerse daño.
Para ti, que huyes de la soledad, dale espacio a que te sorprenda.
Para ti, persona solitaria, no olvides que en la soledad también hay compañía.
Con amor, Blanca.




Gracias por escribir esto. Llevo mucho tiempo asustada de que nadie me va a querer por lo “rara” que soy. Muchas veces me han dicho ermitaña y me he sentido muy rechazada. Leer esto fue abrazar quién soy. Gracias, gracias, gracias.
Que hermoso!!!
También paso muchísimo tiempo y quizás más que lo de que debería, solo, en mi casa.
Veo tanta gente que tiene miedo o vergüenza de hacer cosas solo y no los entiendo.
Algunas de las mejores experiencias de mi vida han sido actividades que dudaba en hacerlas o no, acabé haciéndolas completamente solo y fueron algunos de los mejores días de mi vida.